Gato y faraón

¿Conoces la historia del gato?

Es normal ver al gato como un animal doméstico más, que suele ser solitario, y cuyo objetivo principal no es precisamente agradar a su amo. Pero no debemos subestimar a esta mascota tan particular, de la que se sabe que nos acompaña desde tiempos inmemoriales (aproximadamente 7500 años a.C.).

De «El gato que caminaba solo» a la domesticación.

Existe un cuento infantil de Rudyard Kipling llamado «El gato que caminaba solo» que, básicamente, es una fábula de la transición de los animales salvajes a la domesticación. Se sabe que el gato, a diferencia del resto de animales salvajes en ese entonces, como el perro, cerdo, oveja o caballo, era el más independiente. No seguía a otros animales y mucho menos a los humanos, aunque sí le gustaba observar apartado y de manera sigilosa lo que hacían. Kiplin explica que, tras tanta observación, el gato comprendió que aquellos humanos que habían comenzado a civilizarse tenían ciertas necesidades que él podía solventar, por lo que entendió que podía conseguir un beneficio propio. El gato se encargaría de cazar los ratones que comían sus alimentos, de portarse bien con el bebé del hogar, siempre y cuando tuviera cobijo cuando lo necesitase y leche templada a diario, al menos 3 veces al día. Y así fue como el gato entró en un hogar, con el compromiso de que el humano cumpliera su parte del trato. Una vez cumplida sus obligaciones, en sus ratos libres, el gato seguiría caminando en soledad, sin que nadie decidiera si estaba aquí o allá.

Leyendas sobre el gato.

En Egipto, durante la época de los faraones, todos los animales eran sagrados pero el gato ocupaba un lugar envidiable, un animal divinizado. Los gatos se convirtieron en un objeto de culto, una vez morían se consideraban sagrados e incluso se momificaban con el fin de proteger a los dioses. Los egipcios consideraban que el gato se reencarnaría 7 veces antes de convertirse en humano, de ahí el popular dicho de «los gatos tienen 7 vidas».

Luego el gato comenzó a subir por África hasta llegar a Europa donde los celtas lo comenzaron a ver como un símbolo de poderes maléficos. El gato negro pagó un caro tributo por esta causa que, hoy en día, se sigue manteniendo como signo de malos presagios. Durante la época medieval, encontramos al gato demonizado asociado a las brujas y quemados con ellas en las hogueras. Es con la llegada del Renacimiento cuando el gato vuelve a los hogares.

Con los siglos, los mininos han pasado de ser primero un cazador de aves, seguido de representantes malignos que acompañaban a las brujas en sus maleficios a un cazador de restos de comidas en las cocinas. Al fin, el gato moderno se encuentra dentro de los hogares, recibiendo el calor de sus propietarios, como un miembro más de la familia.

Existe mucha bibliografía acerca de la historia del gato. Estos animales han sido mascotas que, de una manera u otra han participado en la historia del ser humano. Desgraciadamente en la actualidad, aunque por suerte cada vez con menos frecuencia, es habitual el pensamiento que éstos mágicos animales pueden vivir en estado salvaje y que no necesitan del calor de un hogar, pensamiento muy dispar al que tenían los faraones hace miles de años.

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